martes, 22 de febrero de 2011

La brisa que el tiempo puso en sus manos.

Hola blogueras-os:
Hay veces, que debemos buscar en nuestra lógica y razonamiento para poder poner comienzo a las cosas que nos rodean.Si encendemos un fuego, debemos agitarlo para avivarlo .Movimiento que debemos hacer con algo flexible que cree una pequeña corriente de aire,por eso y por otras muchas razones,  los comienzos de este articulo se pierden en el tiempo sin tener una época de partida.
 Razonamiento y atrevimiento aparte. Los egipcios ,babilonicos,persas ,griegos y romanos,se valían de la utilidad del abanico para espantar insectos y recibir la brisa que de el salia.
Los abanicos griegos, tenían formas variadas denominados miosoba,ripis y psigna,siendo este para la mujer ateniense el centro de su hermosa. Los romanos lo hacían llamar flabelo, siendo remplazado este nombre por muscaria ,que significa, lo que espanta las moscas.
La tradición de abanicarse en China es totalmente milenaria,ya en los tiempos de la dinastía del emperador Hsien Yuan (2697 a.c),  se utilizaba.
Cuentan que durante un baile de mascaras, la hija del mandarín Kan-Sin, por la necesidad de mitigar el calor, empezó a agitar la mascara cerca de su cara de manera intensa, para que los hombres no la reconocieran,creándose desde entonces la costumbre en China de abanicarse personalmente.
En occidente, el flabelum o abanico formo parte de la liturgia cristiana. Cayendo en desuso después del siglo XIV,reservandose solo para misas solemnes y procesiones papales.
En el siglo XVIII, el escritor Julio Janin ,reflexionaba asombrado por el uso y la versatilidad del abanico en manos feminas,diciendo :que se valían de el para todo.Y es que la mujer empezaba a dominar el arte de hablar  a traves del abanico.
Con el se iniciaba o se cortaba una historia de amor,se transmitia un mensaje ,se le daba animo y valor a un amante indeciso, también se advertía de la presencia de un esposo,o simplemente se hacia ver que la persona que osaba buscar su gracia le era totalmente indiferente.
Lenguaje perdido en el tiempo,y en el arte de galantear. Fue quizás la época dorada de este artilugio,que no tiene comienzos histórico ,pero que tampoco tendrá fin. Su uso sigue siendo a diario, cambiando de forma,tamaño y diseño. No hay lugar en el mundo donde no este presente,  porque desde el rincón mas humilde hasta el palacio mas lujoso de cualquier pintoresco imperio, el abanico es y sera siempre el artífice de crear la brisa que sale de nuestras manos.
Un abrazo.
La aguja dorada.


1 comentario:

  1. Sucinto y bello artículo, bien ilustrado. Enhorabuena.

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